Recomendaciones para luchar contra el aburrimiento
Edición semanal

Tener Pis

SEMANA XLXVII – AÑO MMX
Chica en el Café Iruña de Bilbao

Había nevado toda la noche y mi sobrino tenía pis. Le baje los pantalones, sacó la pilila y meó. Era de noche, la luna alumbraba la nieve blanca, el viento silbaba ligeramente sobre la copa de los árboles. Era un mundo aparte. Entonces el chorro comenzó a golpear la nieve, despacio, en círculos cada vez más grandes, formando una especie de espiral sin sentido. Mi sobrino sonreía. Estuvo un rato así. Luego decidió mover el pito verticalmente, imprimiendo más fuerza, creando de esa manera surcos más intensos que se superponían a las curvas y elipses amarillentas que yacían sobre la blanca nieve.

Pasaron unos dos minutos. Y cuando ya no parecía quedarle ni una gota de pis en la vejiga, apretó los dientes, agitó con sus dedos la punta del pene y un sinfín de diminutas gotitas impactaron sobre aquel improvisado lienzo. Mi sobrino se guardó el aparato y se subió la cremallera. Observó por unos segundos. De nuevo una sonrisa. Vienes tío, me dijo, me voy dentro, que tengo frío. Y se metió en la casa. Escuche el golpe de la puerta al cerrarse. Y yo me quede allí, estupefacto, contemplando aquel espectáculo de trazos armoniosamente entrelazados, curvas, rectas, y puntos color mostaza que parecían hundirse en las profundidades de la nieve. Los tonos anaranjados de la luna afilaban el relieve del dibujo. En ese instante, y durante unas décimas de segundo, estuve totalmente convencido de que me encontraba frente a una de las más bellas obras de arte que jamás haya creado el hombre. Hasta que una caprichosa ráfaga de viento la borró para siempre.

Fue en el museo Guggenheim de Bilbao, en la exposición de Anish Kapoor, cuando casualmente me vino a la mente este indefinible episodio de mi vida. Y es que uno nunca sabe por donde le saldrá el arte.

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