El mejor Morreo del Mundo
SEMANA IV – AÑO MMIX
|
De entrada decir que los tiramisú nunca me han dicho nada. Siempre lo he visto como un bizcocho cremoso, empalagoso, incluso un poco tontaina. Lo sé: soy un jodido prejuicioso. Pero ayer todo cambió. Fue meter la lengua en uno de ellos y la mente me transportó 15 años atrás, instantáneamente, hasta los labios de aquella italiana. Lo saboree despacio, piano piano, dejando que la delicatessa del mascarpone penetrara en mis papilas gustativas, delicadamente, que luego cabalgara en mi sangre hasta el sótano de mis emociones –donde sea que se encuentren. Noté el placer. Con intensidad. Es una sensación difícil de explicar. Te das cuenta que la vida se reduce a estas pequeñas cosas. Tan tontas, tan sencillas, tan espontáneas. Es como si pudieras vivir todo el tiempo así, sin hablar, solo utilizando la lengua para morrear a la italiana o comiendo tiramisú insistentemente. Pero como aquella italiana, este tiramisú no es un tiramisú cualquiera. Lo descubrí en mi barrio, en un rinconcito tímido, como olvidado. Estaba en el mostrador de una tienda de comida italiana: La Chitarra. Allí no cocinan comida italiana, sino que la crean, la paren. Y como toda expresión artística, no busca el reconocimiento, ni la fama, ni el dinero. Busca el placer de sus clientes, como el tiramisú. Pero, eso sí, hay que saber morrearlo. Piano piano… se va lontano. |

