Palabra
SEMANA XII – AÑO MMIX
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Mientras veía a La Graciosa alejarse desde el ferry que me llevaba de vuelta a Lanzarote, pensé: lo primero que haré cuando la palme será comprarme una casita en esta islita, me sentaré frente a la playa y dejaré que el tiempo pase, sin prisas, libremente, como una pequeña roca que sobresale en el mar. Estuve allí siete días. Es un pedazo de tierra que no mide más de 27 Kilómetros cuadrados. No hay mucha gente, unas 300 personas más o menos. Hay dos pueblos: uno habitado, La Caleta del Sebo, que es el principal, y el otro, Pedro Barba, abandonado en el sur. Es una isla volcánica, árida, agradablemente silenciosa. Es como un bebe recién nacido: con la piel arrugada, algo enrojecida y da la impresión de cierta vulnerabilidad. Pero es una isla simpática, esa simpatía canaria que combina la alegría con una especie de melancolía tierna, inocente, probablemente causada por la condición de aislamiento. Tal vez por eso la llaman La Graciosa. Si coges el diccionario dice que paraíso significa sitio o lugar muy ameno. Yo justamente me sentí así. Aliviado, transparente, yo mismo. Por eso creo que puedo asegurar que esta isla es un paraíso. Es mi palabra. |

