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Edición semanal

La verdad sobre el Pedo Sentimental

SEMANA XVI – AÑO MMIX
El Pedo

En general me fío muy poco de lo que me dicen. Me cuesta creerme la tristeza de los demás, y aún menos la alegría. Porque hemos aprendido desde pequeños a disimular muy pero que muy bien. De hecho, somos profesionales del disimulo. Y así, nos estamos convirtiendo en una especie que no es lo que parece.

Es como cuando nos aguantamos un pedo en la punta del culo… Él quiere salir a toda costa, y se produce una lucha endiablada contra nuestro ano. Nosotros apretamos los dientes y no lo dejamos salir. Hasta que el pedo, exhausto, se rinde y se sumerge enrabietado y con ansias de venganza de nuevo hasta las profundidades de nuestro ser. Y sonreímos, como si no pasara nada. Pero sí pasa. Es malo. Y peligroso. Los pedos son como los sentimientos: hay que soltarlos sin pensar. Porque si no, tarde o temprano saldrán por otro lado. Y entonces, puede que lo hagan por el sitio menos adecuado y en el momento más inoportuno.

Por cierto, todo esto de los pedos viene a cuento porque ayer estuve en París. Me metí en un museo de arte contemporáneo, el Musée Maillol. Había una exposición de un tal George Condo. La mayoría de sus pinturas son retratos. Suelen ser caricaturas deformadas, cuerpos desnudos, ojos hinchados, bocas y narices torcidas, orgías, pollas, coños, rostros desencajados y torturados. Vamos, que me gustó. De hecho muchos de ellos eran retratos de gente real. Y justamente pensé en eso, en la teoría de los pedos: porque probablemente George Condo haya retratado justamente la vida interior de esas personas, mostrando cómo los pedos aguantados a lo largo de sus vidas han explosionado alocadamente dejándolo todo patas arriba.

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