Recomendaciones para luchar contra el aburrimiento
Edición semanal

Blanco y Negro

SEMANA XLVII – AÑO MMX

El niño recorre un pasillo con los pies pesados, va cabizbajo, en silencio, y lleva una barra en la mano. Entra en una habitación y cierra la puerta tras de sí. Vemos el pasillo iluminado y, al fondo, la puerta cerrada. Esa imagen se mantiene durante un minuto largo. Y de pronto se oye el quejido del niño. Escuchamos un dolor seco, sin rencor, acostumbrado, como el de alguien que reconoce su culpa y entiende la razón de su castigo. Ay, ay. La secuencia desaparece en la oscuridad de la pantalla, hasta el negro más absoluto.

Es una escena de la película “La Cinta Blanca“, de Michael Haneke. En ella describe como vive un pueblo del norte de Alemania en el año 1913. Es una historia que transcurre muy despacio; es como si estuvieramos sentandos en la orilla de la playa, contemplando un mar en calma, sin apenas oleaje, inmenso, que se extiende claro y despejado hasta el horizonte. Todo es fácil, abarcable, seguro. Las cosas suceden, se encadenan ordenadamente, las causas se convierten en efectos, y éstos, a su vez, en causas. Todo está pulido, exactamente como es. Y la historia sigue, se alarga, la superficie a veces se agita imperceptiblemente. Pero finalmente todo se mantiene. Y seguimos mirando el mar, dejándonos llevar por el sonido de las olas, que abrazan la orilla, nos mojan los pies y, otra vez, se retiran para formar parte de ese mar sereno, inacabable y oscuro.

Sin embargo, una vez se acaba la película, nos damos cuenta que no somos los mismos que antes. Algo nos ha cambiado. Ese mar aparentemente en calma nos ha removido las entrañas más reconditas de nuestro pensamiento. Sabemos entonces lo que hay dentro de la historia que nos cuenta Haneke: hay terror, un terror que no puede llevar más que al origen del terror, y la causa no es otra que el miedo a la libertad y el deseo de seguridad. Tal vez el autor quiere hablar de la raíz del nazismo, pero yo hablaría más bien de la raíz del mal, lo que se oculta bajo un mar aparentemente en calma. Así es esta memorable película de cine. Y todo se vuelve blanco y puro, en apariencia.

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