Ideas para erradicar la proliferación de chorizos
SEMANA XXXIII – AÑO MMIX
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Me da igual si son viejecitos adorables, mujeres extremadamente inteligentes, políticos carismáticos o discapacitados con las manos largas. Qué importa. Hay que hacer algo ya. Es necesario acabar con ellos de una vez por todas. No se por qué motivo, pero existe una tendencia a ensalzar a los pillastres en lugar de humillarlos. Abusan de tu confianza, te roban la pasta, se ríen en tu cara, y luego resulta que les hacen una entrevista en televisión donde cobran un dineral. Sólo falta que les demos la llave de la ciudad (perdón: eso ya lo hacemos). El otro día vi la película Nixon /Frost. Tiene gracia, es verdad. Está bien hecha, magníficamente interpretada, es ingeniosa. Escenifican la primera entrevista que el expresidente Richard Nixon le concedió a una cadena de televisión después de su dimisión por el caso Watergate. Cuenta cómo el periodista británico David Frost logra que Nixon confiese su culpabilidad. Te demuestra que para castigar a un delincuente, hay que encontrar, sacar y exhibir su debilidad. Pongámonos en la piel de un chorizo en potencia. Suele ser un tipo simpático, que se sabe mover en la mierda, egocentrico, busca el camino más corto para conseguir el reconocimiento de los demás. Todos podemos ser chorizos. Únicamente tenemos que asumir un riesgo mínimo: sólo se caza a un porcentaje ínfimo de chorizos. Si tenemos muy mala suerte y nos cazan con las manos en la masa, pues a la cárcel durante unos años. Y si somos unos cachondos, al salir, lo más probable es que nos concedan algunas entrevistas bien pagadas y nos conviertan en tipos populares. Yo propongo humillarlos. Directamente. Desnudarlos, ponerles unas orejas de burro y colgarles un rótulo sobre el pecho que diga: soy un chorizo. Luego hacerles recorrer las calles de la ciudad de esa guisa, saludando al pueblo, haciéndose fotos con los niños, hablando con la prensa… Es la única forma de acabar con esta interminable plaga. Que sientan que correr ese riesgo no vale la pena. Si no lo hacemos así, seguirán pensando que vale la pena arriesgarse. |

