Follar, y jalar, y sobar
SEMANA XLXII – AÑO MMX
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Recuerdo una fiesta en Moscú. Estaba borracho, con el alma empapada de vodka, inexistente, supongo que como cuando naces y no te lo acabas de creer del todo. Me derrumbe en un sofá, incapaz de dar ordenes concretas a mis extremidades. También recuerdo el sueño que tuve. Yo hablaba muy seriamente con un cerdo. Le pedía explicaciones por su poca educación. El cerdo no me hacia ni caso. Solo follaba, jalaba, sobaba. Pero yo insistía. Le aseguraba que con esa actitud su raza porcina no tenía futuro, que lo único que podían esperar era un mundo de mierda. El cerdo, por un instante, dejó de hacer lo que hacía y le gustaba hacer y se acercó. Me observó. Asintió con la cabeza, compadeciéndose. Ya te darás cuenta, me dijo, como no sirve de nada todo lo demás. Y siguió follando, jalando y sobando. Y nos pongamos como nos pongamos, es verdad: aparte de follar, jalar y sobar, todo lo demás es innecesario, prescindible, hasta inoportuno. Tenía razón el cerdo que se me coló en el sueño. Hay idiotas que piensan que son superiores a una piedra abandonada en medio del camino y que basta con darle un puntapié y apartarla, y eso justamente es lo que los convierte en inferiores. Porque la piedra seguirá allí, idéntica, sin la más mínima alteración, cuando miles de años después el idiota no sea más que un puñado de polvo. Como se suele decir, el tiempo deja a cada uno en su sitio, al idiota bajo tierra, y a la piedra en lo alto del monte. Por lo tanto, cuando veas una piedra, una simple piedra en medio del camino, arrodíllate, venérala, amigo, muestra toda tu insignificancia frente a su grandeza. John Kennedy Toole se suicidó el 26 de marzo de 1969 poniendo un extremo de una manguera de jardín en el tubo de escape de su coche y el otro en la ventanilla del conductor. Unos años antes, su novela La Conjura de los Necios fue rechazada por un editor y se sintió un fracasado y llegó al convencimiento de que no tenía futuro en el mundo de la literatura. La depresión acabó con él. Después su madre logró que le publicarán la novela, consiguiendo en el 81 el premio Pullitzer. Hoy en día, 40 años después de su muerte, John Kennedy Toole sigue vivo, mucho más vivo que muchos idiotas que triunfan sin haberse arrodillado jamás ante una piedra en medio del camino. |

