Llamamiento a los Tristes
SEMANA XLX – AÑO MMX
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Tengo un amigo más amigo de lo que se piensa (al que veo muy poco, como a todos mis grandes amigos) que siempre me dice: aunque no lo veas, estoy más triste de lo que parezco. Y me gusta hablar con él. Se sienta frente a mí, me mira y me cuenta cosas tristes, pálidas, hondas, pesadas. Y yo le escucho. Se imagina el futuro en blanco y negro, asegura, sucio, agobiante, como un estanque podrido lleno de esos peces naranjas despellejados que sólo quieren nadar desorientados y comer la mierda que les lanzan al agua unos desconocidos. Puedo estar así durante horas. Sintiendo sus palabras como brisa soplando en mi frente. A gusto. Luego él se marcha, desaparece. Y es entonces cuando me siento muy amigo suyo, más de lo que él se piensa. Y me siento digno. He estado escuchando a Serrat, las nuevas canciones con versos de Miguel Hernández, Hijo de la Luz y de la Sombra. La sensación ha sido la misma: de tristeza. Me he puesto los cascos, me he sentado y dejado que los poemas se metieran en mis oídos, se mezclaran en mi sangre y me invadieran el cuerpo. Cuando escucho a Serrat (o a Miguel Hernández) es como cuando hablo con ese amigo triste. Siento dignidad al escuchar lo que me dice. Siento una tristeza que me hace sentir a gusto. Estoy orgulloso de ser su amigo, aunque él no lo crea. |

