El Movimiento Antipresente
SEMANA XLXV – AÑO MMX
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A todo el mundo le entusiasma el presente. Está de moda. El hoy y toda la mandanga esa. Aprovecha el momento, Carpe Diem, quien sabe lo que nos pasará mañana, que son dos días, y bla, y bla, y bla. La gente flipa con eso. Menos mi primo Alberto. Él no. Detesta el presente. Ayer castigó a su hija de 12 años porque le dijo que le importaban una mierda los estudios, que ella quería divertirse, que no sabía lo que le pasaría mañana… Inmediatamente mi primo la agarró de la oreja y le dio una ducha de agua bien fría y le dijo que la próxima vez pensará en lo que decía porque nunca sabes lo que te puede pasar en el futuro. Y es verdad. Lo que vale es el futuro. Hoy es el futuro. Siempre es el futuro. Cualquier mínima vibración, sea la que sea, traerá consecuencias en el futuro. El futuro será el presente. Por esa razón mi primo y yo hemos decidido crear un movimiento antipresente. El objetivo es pensar qué podemos hacer hoy para que el futuro sea mejor. Si alguien se pone a pensar demasiado en el presente, ducha fría. Se me ocurrió cuando leía la novela de Bolaño, 2666. Habla de un violador que piensa en el deseo que siente en un instante determinado, pero no piensa en el futuro, ni en el suyo ni en el de la víctima, ni en lo que ese simple acto puede desencadenar su acción. Porque en sus textos, en los de Bolaño, 2666, no existe ni una sola palabra que no tenga una función vital en el desenlace de la historia. Ni una coma. Si le quitaras una sola frase, una acción, un diálogo, el gesto de un personaje, cualquier detalle, el significado perdería sentido, se despendolaría hacia la nada como un borracho buscando una razón. Sus novelas están preñadas de infinitas novelas a la vez. |

