Recomendaciones para luchar contra el aburrimiento
Edición semanal

Sobre la Agradable Oscuridad

SEMANA XLXVI – AÑO MMX
Chica en el Café Iruña de Bilbao
 

Hace 13 años, cuando tenía 19, estudié en Bilbao. No había vuelto desde entonces. Y no es fácil volver a Bilbao, aunque la verdad es que tampoco es fácil salir. El que lo conozca me entenderá. Es una ciudad pequeña, solitaria, oculta entre grandes montañas, silenciosa, y huele bien. Es oscura también, casi impenetrable, como enigmática. Pero cuando atraviesas sus entrañas, cuando consigues olvidarte de tu tonta identidad, descubres que es una oscuridad agradable. Pero tienes que aprender a moverte en esa oscuridad y no odiarla cuando te des de bruces contra la luz engañosa que de pronto te ilumina.

Cuando estuve allí, no hice grandes amigos, ni me lo pase demasiado bien, no, y tampoco –para qué negarlo- estudié nada interesante. Cada día me levantaba por la mañana, cogía el autobús número 30 y me metía en la universidad. Siempre lo mismo, un día sí y el otro también. Sencillamente cumplía. Pero sabía que aquel aburrimiento se acabaría al finalizar la universidad, por lo que no me costaba nada seguir repitiendo aquel recorrido sistemáticamente cada mañana.

Pero una de esas mañanas, no sé muy bien el porqué, alteré ligeramente el recorrido y me metí en el Café Iruña, en los jardines de Albia. Me senté en la barra y pedí un par de pintxos. Francamente, los pintxos no son nada del otro mundo, pero el local es de una belleza reconcentrada. Estuve un buen rato observando. Me di cuenta que en una esquina, bañada por la luz de la mañana, había una chica escribiendo un libro. Cuando levantó la mirada, solo por unos segundos, entendí que aquellos ojos negros chispeantes vivirían pegados a mí el resto de la vida. Desde entonces, entiendo, amo y vuelvo a la agradable oscuridad de Bilbo.

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