Se buscan ideas para evitar el sufrimiento de la Lubina al Hinojo
SEMANA XLXI – AÑO MMX
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El debate sobre si los toros sí o los toros no, me está produciendo últimamente una inaguantable congestión cerebral. Y me escuece el occipital. No tengo ninguna intención de ser demagogo y menos aun insensible, lo prometo, pero no veo porque la gente se indigna tanto con el padecimiento del toro bravo y, en cambio, el mundo submarino se la trae al pairo. Si la razón es que la muerte del toro se convierte en un espectáculo público, yo me pregunto: ¿y si los matan a escondidas, sin público, entonces no pasa nada, corazón que no ve corazón que no siente…? Claro, lo de siempre: no es que no queramos que el animal no sufra, es que no nos gusta verlo sufrir. Vaya pandilla de mastuerzos mirándose el ombligo. De todos modos, a lo que voy: al toro al menos se le ofrece la posibilidad de que le meta una cornada en los huevos al cafre ése al que se le ha ocurrido saltar al ruedo a marearlo, pero ¿y al pez?… Nada, que le den por aleta anal, claro. El pez no importa, le engañamos con un inocente gusanito (que por cierto, también debe sufrir), lo extraemos del agua contra su voluntad y lo dejamos que se asfixie y dé coletazos hasta la muerte. Pero nos da igual. Como no lo vemos sufrir, qué coño importa. Y sobre todo, con lo rico que está a la plancha… cuando lo engullimos se nos pasan todos los arrepentimientos. Ah, eso sí, si son pequeños, ni tocarlos, que han de crecer para que estén más sabrosos el día de mañana. ¿Quién defiende a los peces, potencialmente pescados? Es curioso: yo estoy en contra de que los peces sufran. Desde luego. Me caen de lejos mejor que los toros. Y como en la vida todo depende de cómo te caigan las cosas para que encuentres una razón para defenderlas… Pues eso: que todos esos imbéciles que se ponen frenéticos pidiendo que se prohiba la fiesta taurina, les pediría que empiecen a pensar en cómo pescar un pez, sacarlo del agua y asarlo en una parrilla sin que sufra lo más mínimo. Porque, en serio, si no es así, cómo diablos podremos ir los insensibles que nos gusta el pescado hasta el Restaurante Els Pescadors y degustar el sublime fricandó de rape o la deliciosa lubina al hinojo. Porque que nadie le quepa duda: si nos prohiben el pescado a la plancha, yo seré el primero en convertirme en un delincuente en serie. |


¿Y los caracoles? Esos me gustan a mi mucho, aunque también me encanta el pescado, y el pedazo de estofado de rabo de toro de lidia que se puede degustar en lugares privilegiados con ferias taurinas.
Una vez me contaba una antitaurina cómo preparaba los caracoles, y cómo previamente los dejaba dos días colgados de un saco, sin comida ni bebida, para que expulsaran las mucosidades. Claro, como son más feos, se merecen sufrir. Yo creo que la clave está ahí, en la fealdad de los animales. Ya lo dice el refrán: ¡Que se mueran los feos!
Comentado por Juli — 26 Marzo 2010 #
no digo nada del pavo trufado, que te matan,te despluman,y además te rellenan por el culo…..
Comentado por nana — 26 Marzo 2010 #
Coño, que hambre!
Comentado por pedrito — 26 Marzo 2010 #
Olé! Que a nadie le quepa duda, es una de las mejores reflexiones de este blog hasta la fecha. Lo sigo con atención desde el principio, y al contrario que muchos otros blogs, este mejora con el tiempo!
Comentado por Oskar — 28 Marzo 2010 #
Por algún animal habrá que empezar
Comentado por Arturo — 28 Marzo 2010 #