Locuras de verdad
SEMANA XLIV – AÑO MMIX
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Filosofada al canto: Creo que los ojos hablan. En serio. Las palabras no, que va, los ojos los ojos. Justamente las palabras se inventaron para engañar, porque si no hubieran existido las palabras sabríamos entendernos con la mirada. La inteligencia y el pensamiento son involución, dado que tienen la misión de dominar la naturaleza, de domesticarla. Y eso empieza por nuestra propia naturaleza. Es decir: tenemos inteligencia porque queremos controlar la naturaleza. Pero los ojos nos traicionan. Da igual si son claros, oscuros, azules o estrábicos. Únicamente es necesario fijarse atentamente y entenderemos la verdad. A menos que te pongas gafas de sol. Nietzsche, el inmenso filosofo, decía que las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras. Es curioso como se ponen de moda las actitudes: hoy en día se considera muy importante el posicionamiento. No me refiero a ser rico o pobre, me refiero a tener una visión determinada de uno mismo y de tu entorno. De sentirte parte de algo. Cuanto más limitado, mejor, más convencido de dónde estás y, en consecuencia, de quién eres. Soy tal, dices, y te sientes seguro, cómodo. Te sientes un superhombre. Pero ese no era el pensamiento de Nietzsche. Creo. La película no era esa. Todo se basa en el cambio. Todo varía constantemente, afirmaba, todo se mueve, sube y baja, se intensifica, se desinfla, frena, todo es una alteración constante, por lo que la convicción es inconveniente para la mente. Hace daño. Hay que evitar lo que no tiene fuga, la axfixia de la complacencia, el sobrevivir lo justo. Existe una ópera de Richard Wagner, Tannhauser, que en su apertura representa muy bien la búsqueda que enloqueció a Nietzsche: el deseo de la belleza de la verdad. Así que ponte las gafas y deja que todo fluya. |

